Antes de derrotar 3-2 a Independiente de Avellaneda en San Cristóbal, los del once titular posan frente a las cámaras; de pie: Pedro Candanosa (kinesiólogo), Carlos Maldonado, Daniel Francovig, Pedro Brito, Arnulfo Becerra, José Francisco Nieto, Franco Rizzi, William Méndez. Agachados: William Pacheco, Pedro Febles, Miguel Oswaldo González, Adolfo Becerra y Alberto Useche (utilero).
El 18 de julio de 1987 se abría el telón para el Grupo 1 de aquella edición del torneo internacional de clubes más popular del continente americano, la Copa Libertadores, que en su anterior formato de competición la fase de grupos se caracterizaba por series o cuadrangulares en los que se enfrentaban el campeón y el sub-campeón de cada país participante. Entonces, los equipos venezolanos debían enfrentar nada menos que a sus pares de Argentina. En horas de la mañana en el Guillermo Soto Rosa de Mérida, Estudiantes recibió a Rosario Central, que lo venció 0-3 y el domingo 19 por la tarde, bajo una pertinaz lluvia, Táchira hizo lo propio en Pueblo Nuevo con Independiente de Avellaneda, el once más ganador del torneo (hasta el día de hoy, con siete títulos). Pocos imaginaban que el cuadro amarillo y negro de San Cristóbal se aprestaba a propinar un gran golpe en el inicio de su quinta participación en el evento. Uno, que lo llevaría a ser el equipo más popular del Fútbol Venezolano.
Pues esa tarde, el que por esos días se llamaba Unión Atlético Táchira, venció por 3-2 al linajudo cuadro gaucho con tantos, uno de Carlos Maldonado, el inolvidable gol anotado desde su área por el arquero Daniel Francovig, y otro de Pedro Febles. Independiente, dirigido por una de sus leyendas como lo fue José Omar Pastoriza, había descontado por medio de Carlos Enrique y Alejandro Barberón.
Así fue como Táchira (que años después retomaría su denominación original, Deportivo Táchira), justificó su lema de “El equipo que nació grande”, pues comenzaba verdaderamente a labrarse tal condición frente a los ojos de una afición deportiva venezolana que, de a poco, lo fue aceptando como uno de sus símbolos, hasta el punto de tener hoy una hinchada regada por toda la geografía nacional… y más allá.




